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¿Qué postura es ética en relación a la legalización de cannabis?

El asunto de las drogas es un fenómeno complejo que integra múltiples factores. Por eso, para comprenderlo y poder solucionarlo, es indispensable considerar las distintas dimensiones.

Consumir substancias es un riesgo para la salud y para la integración de las personas. Genera problemas. Graves. Y en esta búsqueda de estrategias para disminuir los problemas asociados a las drogas, en México, se propuso la legalización de la marihuana, un derivado del cannabis.

¿Qué postura es ética en relación a esta propuesta? ¿Es conveniente?

Para responder hay que partir de 3 puntos:

1. La persona es el fundamento, el eje de comprensión, para definir cómo conviene actuar. Es el centro. Lo que importa proteger.

La persona está integrada por tres dimensiones íntimamente relacionadas entre sí: el aspecto físico, el psicológico y el social. Cada uno depende de los otros dos y la salud se encuentra en el equilibrio de las tres dimensiones.

2. El ser humano es libre. Y busca su pleno desarrollo. En la medida en que logre el crecimiento armónico de sus facultades, se sentirá más plenamente realizado y feliz.

3. Para comprender a la persona hay que considerar siempre a la comunidad. Porque las personas no somos entes aislados sino seres sociales que nos transformamos mutuamente a través de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer.

Como dijo Saadi, el poeta persa del siglo XIII:

“Todo hombre es como un hueso, siempre ligado a otros. Juntos, los miembros forman un solo cuerpo y tienen un mismo origen. Si la vida causa dolor a un miembro, ninguno de los otros permanecerá indiferente. Si a ti no te provoca nada el dolor de los demás, no podremos llamarte “ser humano”.

Con esta base que tiene como centro al ser humano y que concibe a la persona como un ser libre y social, se puede valorar la postura ética ante el problema de las drogas.

Tres puntos:

1. Los derechos humanos son el “núcleo ético” sobre el que se asientan las demás dimensiones de la vida social. La Declaración de 1948 justifica los derechos humanos en la dignidad de todas las personas.

La dignidad es el valor que todo ser humano tiene por el hecho de existir. Un valor que es dinámico porque exige desarrollarse cotidianamente para cumplir con la responsabilidad que toda persona tiene, ante el mundo y ante la historia, de construir relaciones solidarias.

Es como querer subir cuando se está en una escalera eléctrica que va para abajo. ¡Sí podemos hacerlo! si nos esforzamos… De otra forma, no conservamos los logros alcanzados. Porque en lo humano, lo que no avanza, retrocede.

2. Es necesario distinguir entre la “capacidad” y el “derecho” que tienen las personas a realizar una acción. “Poder” hacer algo, no significa que exista “derecho” a ejecutarlo; pues somos seres sociales: nos afectamos mutuamente, y por ello sólo hay derecho a hacer, buscar, preferir o evitar lo que construye a las personas en convivencia.

El derecho es lo que NECESITO hacer para crecer. Lo que es indispensable para llevar una vida humana al nivel de vida humana: digna, valiosa. Es decir, lo que es obligatorio.

Como respirar, por ejemplo. Puedo decidir respirar lenta y profundamente, pero no puedo dejar de inhalar y exhalar si quiero conservar la vida.

“Puedo” hacer, o dejar de hacer, todo lo que físicamente soy capaz de ejecutar. Pero eso no significa que me construya ni que construya a quienes me rodean. Puedo romper un vidrio, tirar basura, hacer ruido…  tengo la fuerza para realizarlo, tengo la conciencia de lo que supone y las consecuencias que implica. Pero el que PUEDA hacerlo, no significa que DEBA llevarlo a cabo. Por eso el civismo señala conductas que hay que promover y conductas que hay que evitar en función de la sana convivencia.

Somos seres sociales: nos afectamos mutuamente, y por ello únicamente hay derecho a hacer, buscar, preferir o evitar lo que construye a las personas en convivencia.

3. El sentido de la libertad. La libertad es la capacidad de autodeterminación de las personas para alcanzar su realización y su plenitud. Es decir, tenemos libertad para construirnos. Para crecer. Para amar. Para aportar. Para ayudar.

Como todas las facultades, la libertad también se puede usar bien y desarrollarse, o se puede deformar. El uso correcto de la libertad es elegir aquello a lo que tenemos derecho: a las opciones que nos integran. Que respetan nuestra naturaleza y favorecen el encuentro y la cercanía. Se es libre para elegir entre opciones constructivas. 

Lo constructivo es lo que edifica a la persona y a todo lo que le rodea (ecología…) 

Hay dos tipos de acciones constructivas:

Unas que son “obligatorias”, es decir, indispensables à decir la verdad, respetar a las personas…

Debo hacerlas siempre, sin excepción.

Otras, son las acciones constructivas “permitidas”: por ejemplo, bailar, cantar, estudiar, comer enchiladas o arroz…

Puedo elegir entre hacer una u otra; entre hacerlas o no; realizarlas en un horario o en otro… Hay varias opciones que elijo de acuerdo a mis preferencias, circunstancias e intereses.

Hay otro tipo de acciones. Las destructivas, que son “prohibidas”. Como insultar, ofender, engañar, robar…

No se autorizan porque destruyen a la persona y también a quienes le rodean.

PUEDO hacer cualquiera de los tres tipos de acciones. Pero sólo DEBO hacer acciones constructivas: porque son las que me permiten desarrollarme como persona en convivencia.

El mejor uso de la libertad es elegir aquello a lo que tenemos derecho: a las opciones que nos integran.

Que respetan nuestra naturaleza y favorecen el encuentro y la cercanía.

4. El fin del Estado es promover el BIEN DE LA COMUNIDAD. Sin excepción.

¿Qué postura es ética en relación a la legalización de la marihuana?

Consumir substancias es un riesgo para la salud y para la integración de las personas.

La política tiene la función de promover lo que genere mayor justicia, mayor orden y mayor paz a la sociedad y a los integrantes de la misma.

Las personas no somos entes aislados sino seres sociales que nos transformamos mutuamente a través de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer.

Éticamente se debe impulsar las prácticas que promuevan el crecimiento de las personas en convivencia.

– Quien consume substancias no sólo destruye su salud física, también su equilibrio psicológico y deteriora su entorno social.

– Hoy existe consumo de substancias legalmente comercializadas: alcohol, tabaco, medicamentos e inhalables. No hay capacidad del Estado para evitar las consecuencias destructivas del abuso de estas substancias. Impacto negativo especialmente entre la población joven.

– Los recursos del Estado para atender a las personas con dependencia son insuficientes actualmente. No conviene incrementar el número de sujetos afectados pues no tendrán posibilidad de recibir la atención médica, psicológica y de acompañamiento que requerirán para reincorporarse a la sociedad y ser personas autónomas.

– Es necesario distinguir entre la “capacidad” y el “derecho” que tienen las personas a realizar una acción. “Poder” hacer algo no significa que exista “derecho” a ejecutarlo pues somos seres sociales: nos afectamos mutuamente, y por ello únicamente hay derecho a hacer, buscar, preferir u omitir lo que construye a las personas en convivencia.

– La libertad es la capacidad de autodeterminación de las personas para alcanzar su realización y su plenitud. Es decir, tenemos libertad para construirnos. Para crecer. Para amar. Para aportar. Para ayudar. Como todas las facultades, puedo usarla bien, desarrollarla y hacerla crecer, o bien, puedo deformarla. El uso correcto de la libertad es elegir aquello a lo que tenemos derecho: a las opciones que nos integran. Que respetan nuestra naturaleza y favorecen el encuentro y la cercanía. Se es libre para elegir entre opciones buenas. 

Lo bueno es lo que construye a la persona y a todo lo que le rodea (ecología…) 

Hay acciones buenas que son “obligatorias” (indispensables) —> decir la verdad, respetar a las personas…

Debo hacerlas siempre, sin excepción.

Hay acciones buenas que son “permitidas”: bailar, cantar, estudiar, comer enchiladas o arroz…

Puedo elegir entre hacer una u otra; entre hacerlas o no hacerlas; entre hacerlas a un horario o a otro…

Hay acciones malas que son “prohibidas”: insultar, ofender, engañar…

No se autorizan porque destruyen a la persona y también a quienes le rodean.

– Es indispensable orientar los recursos del Estado para impulsar el desarrollo. No es válido desviarlos de ese propósito y renunciar al crecimiento para invertirlos en  reducir daños o minimizar impactos negativos.

– Las encuestas realizadas por Centros de Integración Juvenil señalan que un alto porcentaje de jóvenes estarían dispuestos a consumir marihuana si se legalizara.

– Al facilitar el acceso a una substancia más, se multiplica el riesgo de que se genere una dinámica de consumo de otras substancias adictivas y se inicien conductas destructivas y antisociales.

– Para alcanzar la libertad es indispensable la conciencia. Y la conciencia se forma. Consumir substancias reduce la calidad de la conciencia.

– Los obstáculos para formar una conciencia recta y cierta (que pueda ser una guía válida de actuación) son la ignorancia, la falta de oportunidades, la evasión, la precipitación, la torpeza y el prejuicio. En el planteamiento que se hace para impulsar la legalización del consumo de marihuana, se encuentran muchos de estos obstáculos. Pueden superarse y nos corresponde hacerlo para encontrar una estrategia eficaz para enfrentar el problema del consumo de substancias.

La política tiene la función de promover lo que genere mayor justicia, mayor orden y mayor paz a la sociedad y a los integrantes de la misma.

Éticamente se debe impulsar las prácticas que promuevan el crecimiento de las personas en convivencia.

  1. Quien consume substancias no sólo destruye su salud física, también su equilibrio psicológico y deteriora su entorno social.
  2. Hoy existe consumo de substancias legalmente comercializadas: alcohol, tabaco, medicamentos e inhalables. No hay capacidad del Estado para evitar las consecuencias destructivas del abuso de estas substancias. Impacto negativo especialmente entre la población joven.
  3. Los recursos del Estado para atender a las personas con dependencia son insuficientes actualmente. No conviene incrementar el número de sujetos afectados pues no tendrán posibilidad de recibir la atención médica, psicológica y de acompañamiento que requerirán para reincorporarse a la sociedad y ser personas autónomas.
  4. Es necesario distinguir entre la “capacidad” y el “derecho” que tienen las personas a realizar una acción. “Poder” hacer algo no significa que exista “derecho” a ejecutarlo pues somos seres sociales: nos afectamos mutuamente, y por ello únicamente hay derecho a hacer, buscar, preferir u omitir lo que construye a las personas en convivencia.
  5. La libertad es la capacidad de autodeterminación de las personas para alcanzar su realización y su plenitud. Es decir, tenemos libertad para construirnos. Para crecer. Para amar. Para aportar. Para ayudar. Como todas las facultades, puedo usarla bien, desarrollarla y hacerla crecer, o bien, puedo deformarla. El uso correcto de la libertad es elegir aquello a lo que tenemos derecho: a las opciones que nos integran. Que respetan nuestra naturaleza y favorecen el encuentro y la cercanía. Se es libre para elegir entre opciones buenas. 

Lo bueno es lo que construye a la persona y a todo lo que le rodea (ecología…) 

Hay acciones buenas que son “obligatorias” (indispensables) —> decir la verdad, respetar a las personas…

Debo hacerlas siempre, sin excepción.

Hay acciones buenas que son “permitidas”: bailar, cantar, estudiar, comer enchiladas o arroz…

Puedo elegir entre hacer una u otra; entre hacerlas o no hacerlas; entre hacerlas a un horario o a otro…

Hay acciones malas que son “prohibidas”: insultar, ofender, engañar…

No se autorizan porque destruyen a la persona y también a quienes le rodean.

  1. Es indispensable orientar los recursos del Estado para impulsar el desarrollo. No es válido desviarlos de ese propósito y renunciar al crecimiento para invertirlos en reducir daños o minimizar impactos negativos.
  2. Las encuestas realizadas por Centros de Integración Juvenil señalan que un alto porcentaje de jóvenes estarían dispuestos a consumir marihuana si se legalizara.
  3. Al facilitar el acceso a una substancia más, se multiplica el riesgo de que se genere una dinámica de consumo de otras substancias adictivas y se inicien conductas destructivas y antisociales.
  4. Para alcanzar la libertad es indispensable la conciencia. Y la conciencia se forma. Consumir substancias reduce la calidad de la conciencia.
  5. Los obstáculos para formar una conciencia recta y cierta que pueda ser una guía válida de actuación son la ignorancia, la falta de oportunidades, la evasión, la precipitación, la torpeza y el prejuicio.
  6. En el planteamiento que se hace para impulsar la legalización del consumo de marihuana, se encuentran muchos de estos obstáculos. Pueden superarse y nos corresponde hacerlo para encontrar una estrategia eficaz para enfrentar el problema del consumo de substancias.

Mtra. María Begoña Hernáiz Arce
ECCA de México A. C.

Comentarios(1)

  1. REPLY
    JORGE GABRIEL RODRIGUEZ says

    Totalmente de acuerdo con la Mtra. María Begoña Hernáiz Arce se ha prohibido durante toda la historia porque genera conductas delictivas destruye al usuario y el usuario destruye su ambiente y a los que lo rodean. Es grave que México intente despenalizar su uso, ya que es como una caja de Pandora. Debemos buscar otras alternativas.

¿Qué opinas?